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(a 2 de diciembre de 2021, 14:36 horas)
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Mara González

Locutora. 

María del Pino González González, Mara González, nace en Santa María de Guía el 6 de marzo de 1948. De orígenes humildes, su padre, Baldomero González Alemán, era maestro de la piedra seca, músico y agricultor. Su madre, María del Pino González Castellano, aparcera. Cuidando de fincas y regentando algún pequeño negocio la pareja, que Mara recordaba con admiración y cariño como gente íntegra, sacó adelante a sus 5 hijos e hijas, de los que ella era la más pequeña. 

Mara se crió en el barrio del Gallinero, rebautizado después como barriada de San Blas. Y una gallina, precisamente, fue lo que su madre vendió para que esta mujer enamorada de los libros y de las palabras se comprara de niña su primer diccionario. Mara recordaba la dureza de aquellos años en una de sus últimas entrevistas publicada apenas dos semanas después de su fallecimiento, que concedió a su colega y amiga, la periodista Marisol Ayala, para La Provincia. Diario de Las Palmas: «[...] la Canarias de los sesenta fue terrible. Yo soy una emigrada del norte; no tenía 15 años cumplidos y ya estaba trabajando en un supermercado de Las Palmas de Gran Canaria como auxiliar de caja. Me tuvieron que firmar un documento el alcalde de Guía y mi padre, porque yo era una niña. [...] Yo me di cuenta de que tenía que salir de allí, de que no había futuro. Así que, poco a poco, todos mis hermanos acabaron trabajando en la ciudad, porque el norte de esos años era de una pobreza aterradora». 

Mara no fue a la escuela hasta los 9 años, cuando todavía no sabía leer ni escribir. La locutora recordaba con afecto a algunas de las personas que la ayudaron a formarse y lograr su sueño de hacer radio, algo que le gustaba desde pequeña porque le parecía un medio «mágico». El removedor del millo de su madre hacía las veces de micrófono en sus juegos infantiles. Así, don Diego Trujillo, profesor de Gáldar depurado por cuestiones políticas que Mara luchó porque restituyeran y homenajearan, la alentó a marcharse a Las Palmas. Por otra parte, Otilia, profesora de teatro, le enseñó a perfeccionar la «muy buena voz» que enseguida se dio cuenta de que tenía. Y es que, para Mara, la formación, la cultura general, los conocimientos de lengua española, de técnicas de dicción, vocalización, respiración… eran esenciales. Mucho antes de que existiera Internet se preocupó de comprarse enciclopedias para ir siempre bien preparada a sus programas. Creía profundamente en el respeto al oyente. Y era una profesional exigente, especialmente consigo misma. 

Aunque se consideraba una autodidacta del medio, Mara era Técnica en Radio y Televisión, Diplomada en Teorías y Prácticas de la Publicidad y Miembro de la Asociación Nacional de Radio y Televisión, si bien es cierto que nunca pudo cursar los estudios superiores que hubiera querido y que tanto recomendaba a las nuevas generaciones. Antes de empezar en las ondas Mara trabajó (como ella misma contaba) en un supermercado y un hotel, estudió para secretaria, incluso «empaquetó tomates para Mr. Leackoc y fabricó cestas de mimbre», según se recoge en el diario Eco de Canarias, en una entrevista de 1981. Pero lo que verdaderamente quería era ser cantante. Por eso llegó hasta la radio con una carpeta de partituras debajo del brazo y algo de dinero para pagar la orquestación de sus canciones. Entonces, su primer jefe la escuchó hablar y quiso hacerle una prueba. Y así es como el 5 de marzo de 1966 empieza a trabajar como locutora de mesa en Radio Las Palmas, empresa asociada a entonces a la Cadena SER. Sus comienzos consistieron en una pequeña sección de 5 minutos en “Buenos días Canarias”. Cuando apenas han transcurrido 6 meses de su ingreso en la radio, la productora le ofrece convertirse en presentadora y el programa empieza a emitirse en directo. 

Sus inicios profesionales tampoco fueron sencillos, ni por la época en la que arrancó, como ella misma explicaba en una entrevista concedida a Pino Álvarez a principios de los 90: «Cuando yo empecé, la radio era el reflejo del régimen político que el país vivía. El paso a la democracia ha sido muy importante en cuanto a la libertad de expresión [...]. Entonces preferían comunicadores de sonrisa encantadora, de ocurrencia fácil y lenguaje estándar. La censura era el pan nuestro de cada día. La radio era mi vida, pero también era mi miedo [...]»; ni por el hecho de ser mujer: «Cuando yo empecé en la radio nadie me tomaba en serio. Porque [...] las locutoras teníamos el papel de acompañantes del locutor. Él era el importante y tú hacías la publicidad y de vez en cuando te limitabas a ratificar sus afirmaciones o a decir que no cuando él graciosamente te preguntaba. Con un casete al hombro empecé a  hacer informaciones. Me iba al Cabildo y al Ayuntamiento o a donde hiciera falta y los consejeros y ediles se limitaban a decir las típicas frases de "qué mona está Mara, y tú qué haces por aquí y demás". Yo sonreía y pensaba, veremos qué pensáis mañana cuando lo cuente todo» (en el Eco de Canarias, 1980).

Sin embargo, al poco tiempo de aterrizar en la que sería su casa radiofónica durante 50 años Mara es puesta al frente de “Tamaragua. Buenos días”, programa que condujo durante 22. Es su gran oportunidad para romper esas dos barreras que tanto la incomodaban: la censura (fue la pionera en abrir los micrófonos a las y los oyentes para que pudieran expresarse libremente, como en su arriesgada sección “Buenos días señor alcalde” dirigida a hacer comentarios y críticas sobre la gestión municipal); y la invisibilidad de las mujeres en los medios y en la vida en general. Para empezar, Mara es una de las primeras voces femeninas que condujo en solitario programas completos de radio (este u otros como “Buenos días Canarias”, “El Cedazo” o “Frangollo”). Además, siempre que necesitaba invitar a personas a sus tertulias o espacios informativos escogía a mujeres profesionales, médicas, abogadas… pues quería que fueran ellas las que estuvieran presentes y no ellos, según recuerda su compañero José Luis Suárez (en La mujer en la radiodifusión de las Canarias Orientales durante la transición democrática de Ariadna Gil Morales). 

En sus programas incluyó secciones como “El tiempo de los niños”, en la que contaba un cuento infantil cada mañana. Mara, gran amante de la infancia, confesó que era un subterfugio para llegar hasta las madres, para que «despertaran, aprendieran escuchando y que acabaran matriculándose en Radio Ecca, grandiosa labor la que han hecho. En definitiva, que supieran que había un mundo fuera en el que ellas tenían un papel importante» (en La Provincia. Diario de Las Palmas). Luchadora incansable contra la violencia machista, Mara fue reconocida en 2012 con los premios que otorga la Administración del Estado a quienes se comprometen frente a esta lacra. En su discurso la locutora rememoraba su infancia en una finca de Montaña Blanca donde, según contó, las mujeres colgaban a sus bebés en las cucañas para evitar que les comieran las ratas. Eran tiempos, dijo, en los que las familias disculpaban al hombre que llegaba a casa con unas copas de más, una permisividad que ella trató de combatir «contaminando» a las mujeres desde la radio «para tratar de que se incorporaran a la vida por derecho propio». En esa misma entrega de premios se felicitaba por haber visto a la ministra de Defensa del Gobierno de España (Carme Chacón) pasando revista a las tropas embarazada (en rtvc.es). La llegada del papa Bergoglio (el papa Paco, como ella lo llamaba) la llenó de ilusión ante la posibilidad de que se abriera un nuevo horizonte para la mujer en la iglesia católica. La figura de Mara fue esencial para cambiar el papel de las mujeres en el periodismo.

Mara González fue una locutora versátil que tocó todos los palos de la profesión: hizo producción, realización, informativos, entrevistas, reportajes y crónicas, hasta información deportiva, tanto para los programas en los que trabajó como en colaboración con otros (como Martín Ferrand en “Hora 25”, Iñaki Gabilondo en “Hoy por hoy” o Joaquín Prat en “Otras cosas”); presentó galas y festivales, retransmitió eventos de todo tipo… Incluso llegaron a montarle el estudio en casa por una lesión que le impedía trasladarse hasta la radio. Así trabajó por 6 meses en los que sus invitados iban a las entrevistas a su casa. Pero, sin duda, la vertiente por la que Mara es más recordada y querida entre sus oyentes es la social: mujer de inicios difíciles de los que nunca se olvidó, había aprendido esa generosidad de sus padres. Antes de fallecer, su padre le decía que lo que iba a gastarse en flores para llevarle al cementerio lo emplease en dar de comer a alguien.

Mara quiso dar voz y poner rostro a las personas y colectivos menos favorecidos (las mujeres aparceras, los pescadores, los portuarios, los y las estudiantes, las personas desempleadas…). Mara explicaba de esta forma a su compañera Marisol Ayala cómo su profesión la llevó a encararse con la Canarias más olvidada, el sur del sur, como ella lo calificaba: «Yo hacía programas en el sureste y allí vi tanta pobreza que aquello me marcó. Mira, ver llorar a una madre porque sus hijos no tienen que comer es duro, es terrible, pero ver llorar como yo he visto a un padre que venía caminando desde Agüimes a Las Palmas para llevarse una bolsa de comida, no lo he olvidado nunca». Son célebres sus larguísimos maratones radiofónicos dedicados a causas sociales como la recaudación de fondos para la puesta en marcha o el sostenimiento de centros de acogida y tratamiento (la Ciudad de San Juan de Dios en El Lasso, el Hogar Nuestra Señora del Pino, Asilo de las Hermanas de los Ancianos Desamparados, en Tafira); la construcción o compra de viviendas a personas sin hogar, de comida para gente sin recursos o la ayuda a damnificados en catástrofes naturales. Fue también una gran activista en pro de los movimientos vecinales. 

En sus muchos años frente al micrófono Mara asistió a todo tipo de acontecimientos políticos y sociales (la llegada de la democracia, la descolonización del Sahara, la incorporación de Canarias a la CE). Y vivió todo tipo de situaciones extremas, como un aviso de bomba en la emisora cuando transmitían el programa en directo (Mara se encerró en el estudio para que no la desalojaran y continuó haciendo radio mientras la policía buscaba el artefacto) o llamadas de oyentes que querían suicidarse, a quienes Mara intentaba apaciguar con una charla calmada mientras, por otro lado, se trataba de localizar a la persona para ayudarla: «Es que la psiquiatría siempre me ha interesado, siempre. De hecho, en Madrid estuve varias veces con Vallejo Nájera que, por cierto, me recomendó su libro “Iniciación a la psiquiatría”, cuyo contenido me ha sido de gran utilidad en momentos complicados que he vivido» (contaba en su entrevista a Marisol Ayala).

Mara se casó (aunque nunca pensó hacerlo) y tuvo tres hijos e hijas (José María, Guacimara y Ada) que le dieron nietos y nietas. Esta Hija Predilecta de Santa María de Guía (su ciudad natal, donde se decretaron 2 días de luto oficial por su fallecimiento) y Adoptiva de la ciudad de Las Palmas, murió allí el 20 de febrero de 2016. Fue reconocida a título póstumo como Hija Predilecta de Gran Canaria e inmortalizada en el barrio de Guanarteme con un mural de grandes dimensiones (proyecto a cargo de los artistas locales Luna Bengoechea y Acaymo Cuesta). Asimismo, el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria la homenajeó poniendo su nombre a una calle capitalina. Poco tiempo antes de morir, enferma de cáncer desde hacía 4 años (algo de lo que siempre habló con naturalidad y de manera directa), quiso despedirse de sus oyentes en su propio programa de Radio Las Palmas «sin aire de tragedia». Lo hizo cuando su heredera radiofónica, Dulce María Facundo, ya le había tomado el relevo, pues un arraigado sentido de la responsabilidad le impedía ausentarse de las ondas de forma intermitente y no poder hacer un trabajo «digno». Mara dijo adiós a la radio (y a la vida) con unos hermosos versos del poeta Pedro Lezcano dedicados a la amistad: “Yo viviré lo que deseen ustedes. Cuando olviden mi nombre, me habré muerto; pero seré inmortal con que un amigo me erija un buen recuerdo”.

*Texto: Elisa Falcón Lisón, Licenciada en Historia del Arte y Guía Oficial del Gobierno de Canarias.

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