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Lubna de Córdoba. Mujer invisible de Al-Ándalus

19 FEBRERO 2024

No ha habido época en la historia en la que las mujeres hayan gozado de los mismos derechos y libertades que los hombres. Pero si tuviésemos que indicar un periodo especialmente oscuro para nacer mujer, es sin duda la Edad Media. 

Siglos convulsos, en el que la lucha por expandir reinos y difundir nuevas lenguas y religiones fue una constante en el mundo conocido y, por ende, lo fue también en la Península Ibérica.

La incursión en el 711 de Tariq ibn Ziyad con sus tropas árabes y bereberes, y la derrota del último rey visigodo, don Rodrigo, en la Batalla de Guadalete, da inicio a siete siglos de dominio musulmán que concluirá con su expulsión definitiva en 1492.

Siete siglos en los que la ciudadanía conoció distintas culturas, convivieron con costumbres diferentes y llegaron a profesar religiones ajenas a la propia.

La historia de Al Ándalus nos ha dejado nombres de hombres eruditos como: Abū l-Qāsim (Abulcasis), Abü I-Walid Muhammad ibn Rushd (Averroes), Al- Mutamid…

Pero ¿qué ocurrió con las mujeres andalusíes?

Debemos entender que la mujer andalusí ocupaba una posición inferior a la de los hombres en la escala social. De ella se esperaba que ejercieran bien su labor como madres y esposas. 

Hacían vida en las casas familiares y debían ocultarse al mundo exterior, especialmente de los hombres. Salían a la calle en contadas ocasiones y cuando lo hacían procuraban pasar desapercibidas y no ser vistas. Ya que los hombres eran los que ocupaban el espacio público.

Por tanto, para entender la vida y comportamiento de la mujer andalusí hay que establecer la relación de éstas con su contexto histórico y como miembros de la sociedad patriarcal del medievo.

El islam establecía como estado ideal en el que debían vivir hombres y mujeres el matrimonio. Vivían en estructuras familiares regidas por la religión, que impregnaba todos los ámbitos de la vida. Estas mujeres virtuosas, obedientes y abnegadas que regían su vida por los principios islámicos eran alabadas por la sociedad andalusí. 

La vida en Al- Ándalus pasó por diferentes etapas a lo largo de siete siglos, pero su periodo más célebre por su poder y avances culturales, artísticos y literarios fue sin duda el Califato. 

Periodo iniciado en 929 cuando el emir de Córdoba, Abd al-Rahmán III se autoproclama Califa, rompiendo así su dependencia del califato de Damasco.

Es en este marco político, social y cultural en el que hay que situar a nuestra protagonista: Lubna de Córdoba.

Nacida en el seno de una familia esclava que residía y trabajaba en la ciudad palatina de Madinat Al-Zahara (Córdoba). Lubna, llega al mundo predestinada a satisfacer como esclava las necesidades del Califa Abd Al- Rahman III. y posteriormente las de su hijo Al Hakam II.

Poco sabemos de su infancia. Hay historiadores que defienden la teoría de que Lubna sería una hija bastarda del Califa Abd Al- Rahmán III.

Pero la realidad es que no podemos aseverar tal afirmación ya que como ha venido siendo habitual en la historia: los documentos preservados no se conservan completos o las hazañas de mujeres virtuosas no eran consideradas lo suficientemente importante para atestiguarlas. 

Su intelecto la hizo destacar hasta tal punto que, bajo el Califato de Al Hakam II, Lubna estuvo a cargo de la Biblioteca del Califa. Tarea que desempeñaba ayudada por un número considerable de mujeres. 

Sabemos por las crónicas conservadas, que durante el reinado de Al Hakam II unas 170 mujeres letradas ejercían el oficio de copiar los textos de los libros. 

Una vez liberada como esclava se conocen muchas otras labores desempeñadas por Lubna: Además de reproducir, escribir y traducir muchos manuscritos, viajó por el Cairo, Damasco y Bagdad buscando libros para añadir a la biblioteca del Califa.

Pero, además de recorrer Oriente Medio buscando nuevas adquisiciones, a ella se le debe también el mérito de ser una de las impulsoras de la creación de la famosa biblioteca de Medina Azahara.

Pero su prestigio como poeta y copista no mermó sus ansias de conocimiento científico. Amante de los números y de los enigmas matemáticos, podemos asegurar que Lubna de Córdoba fue una mujer con amplio deseo de erudición.

Ostentó el cargo de conservadora de la Gran Biblioteca de Córdoba, un espacio que albergaba más de 500.000 libros y, donde se encargaba de reproducir, escribir y traducir los manuscritos, añadiendo incluso notas aclaratorias a pie de página. 

Tristemente son escasas las fuentes que nos hablan de la existencia de Lubna.  Destaca la obra “Kitab al-Sila”, del cordobés Baskuwal (historiador andalusí).

En el citado texto se menciona la labor de dieciséis mujeres, entre ellas Lubna, destacadas en ámbitos como la piedad, la caligrafía o la poesía.

De ella, Baskuwal escribe: “Fue una de las mejores calígrafas de su tiempo. Experta en escritura, gramática, perspicaz en el cálculo y otras ciencias, sin que hubiera en su alcázar (de los omeyas) nadie más excelente, entendida en métrica, buena calígrafa, que murió en el año 374h/ 984 d.c”. (Libro “Mujeres de en la historia de Córdoba”, de Manuel García Parody, Editorial Colombre, pág31-32).

Poco sabemos de cómo transcurrió la vida de Lubna. 

Tras el ascenso al poder de Hisam II y su visir Almanzor, la importancia del estudio de ciencias y lenguas pasó a un plano secundario en pro de la lucha contra los cristianos.

Esto hizo que la Biblioteca de Córdoba, comparable a la de Alejandría o la de Bagdad, fuera saqueada, y gran parte de sus libros quemados.

Ante esta situación es posible que nuestra protagonista huyese de Córdoba.  Algunas de las personas que han dedicado sus estudios a Lubna, la sitúan en Carmona (Sevilla), donde permanecería hasta que falleció en 984.

Pero lo cierto es que no contamos con fuentes históricas que afirmen o desmientan esta versión.

El ahínco de historiadoras e historiadores contemporáneos hará posible que la historia de Lubna y de otras mujeres invisibilizadas, pueda ser narrada. Logrando así que el relato histórico sea más verídico y justo con las mujeres que formaron parte de nuestro pasado.


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