A lo largo de la historia de la humanidad, el agua ha sido mucho más que un recurso natural: ha sido el eje central de la civilización.
No celebramos una fecha. Hoy nos detenemos a mirar el mundo que hemos heredado y el que aún estamos construyendo.
Hay fechas que adquieren un valor simbólico que trasciende la mera conmemoración para convertirse en espacios de reflexión colectiva. El 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, es una de ellas.
El carnaval es un territorio de ambigüedad. Bajo el ruido, el color y la máscara, se esconden tensiones sociales, disputas de poder y anhelos de libertad que rara vez encuentran espacio en la vida cotidiana. Sin embargo, incluso en esta fiesta de inversión simbólica del orden, las mujeres no han ocupado históricamente una posición de igualdad. El Carnaval de Santa Cruz de Tenerife (hoy reconocido internacionalmente como uno de los más importantes del mundo) ofrece un ejemplo paradigmático de cómo las mujeres han transitado desde la invisibilidad y el control moral hacia un protagonismo creativo, crítico y transformador.
Hoy nos congregamos en este espacio emblemático de lucha y reivindicación por los derechos de las mujeres, para expresar nuestra más profunda repulsa ante el crimen ocurrido en Arona, donde un niño ha sido asesinado y su madre permanece gravemente herida como consecuencia de una agresión machista.