Los medios de comunicación configuran la percepción de la realidad, promueven valores culturales y definen quién tiene acceso a la palabra pública. Dentro de estas estructuras, la participación de las mujeres ha estado históricamente marcada por desigualdades en su presencia, en los roles que ocupan y en la autoridad que se les reconoce. La radio, medio profundamente proyectivo y cercano a la ciudadanía, ofrece un caso paradigmático para analizar estas dinámicas, particularmente en España, donde el progreso hacia la igualdad ha sido significativo, pero aún insuficiente. La radio fue uno de los primeros medios de comunicación masiva del siglo XX y, como otros ámbitos culturales, reflejó las estructuras patriarcales de su entorno social. Aunque desde su inicio aparecieron mujeres como locutoras, su participación en programas de información seria, análisis político o dirección ha sido históricamente minoritaria. Esta subordinación se relaciona con sesgos culturales que asocian la autoridad comunicativa con voces masculinas, prejuicio que según estudios de género influye en la percepción de credibilidad y seriedad de quienes hablan en medios. Esta brecha simbólica se vincula con conceptos teóricos como el de “capital simbólico” de Pierre Bourdieu, que subraya cómo ciertas voces adquieren legitimidad dentro de estructuras de poder dominadas por hombres.
A pesar de que las mujeres constituyen una mayoría en las aulas de periodismo en España, persistiendo la tendencia global de que alrededor del 60% de los estudiantes son mujeres, su representación en posiciones de poder en los medios sigue siendo menor. Una investigación coordinada por organizaciones europeas indica que en las direcciones ejecutivas de medios españoles solo cerca del 25 % de los puestos corresponde a mujeres, cifra inferior a la media de la Unión Europea.
Además, en algunos análisis ampliados sobre medios impresos, audiovisuales y radiofónicos, solo alrededor del 26 % de las noticias presenta protagonistas femeninas, lo que revela una persistente visibilidad desigual.
Más allá de la estructura organizativa, los datos muestran que las mujeres suelen estar menos presentes como fuentes de información o expertos entrevistados. En estudios internacionales (como el Global Media Monitoring Project), se observa que las voces femeninas no alcanzan el 30 % entre las fuentes de noticias, aunque en España esta cifra muestra mejoras recientes.
Además, informes regionales españoles señalan que en ámbitos periodísticos más amplios (no solo la radio), las noticias protagonizadas exclusivamente por mujeres apenas rondan el 7 %, lo que indica que su visibilidad en la agenda pública mediática sigue muy disminuida.
Estos datos evidencian que, aunque la presencia femenina en las redacciones ha aumentado, su visibilidad pública y su poder narrativo siguen siendo desiguales.
La radio es un medio en el que la voz se convierte en principal activo comunicativo. No es casual que la sociolingüística muestre cómo ciertos patrones de voz (como el tono, la entonación o la proyección) son valorados de modo distinto según el género, afectando la percepción de autoridad. Esto está relacionado con las teorías de género de Judith Butler y otros autores que sostienen que el lenguaje y la actuación social del género no son neutros, sino performativos, influyendo en cómo se construyen los roles públicos y profesionales.
En España, esta dimensión se traduce en que las mujeres locutoras o presentadoras de radio a menudo enfrentan estándares diferentes y más estrictos que sus colegas hombres, desde cómo se percibe su voz hasta cómo se valoran sus contenidos. La persistencia de estos sesgos limita su acceso a programas de debate, análisis político o liderazgo editorial.
España ha experimentado avances institucionales en materia de igualdad de género. El Índice Europeo de Igualdad de Género sitúa a España en posiciones destacadas dentro de la UE, con mejoras importantes en ámbitos como el poder y la representación. Estas transformaciones reflejan políticas públicas que promueven equidad en diferentes esferas sociales, y pueden tener efectos indirectos en el sector mediático. Pese a los avances, las desigualdades de género siguen siendo una realidad en la radio española. Las mujeres continúan estando infrarrepresentadas en los puestos de mayor poder y toma de decisiones, como las direcciones generales o los consejos editoriales. En las tertulias radiofónicas, especialmente en aquellas dedicadas a la política y la economía, la presencia femenina sigue siendo minoritaria, lo que empobrece el pluralismo del debate público.
Además, la brecha salarial y la precarización laboral afectan de manera más intensa a las mujeres, especialmente a las más jóvenes. A ello se suma la persistencia de estereotipos de género en algunos contenidos, que reproducen roles tradicionales y dificultan la construcción de una comunicación verdaderamente igualitaria.
La historia de las mujeres en la radio española es, en esencia, la historia de una conquista lenta y persistente del derecho a la palabra. Durante décadas, sus voces estuvieron presentes, pero no plenamente escuchadas; sonaban en las ondas, pero rara vez ocupaban el centro del discurso. Sin embargo, cada mujer que tomó un micrófono, que cuestionó un silencio impuesto o que abrió un espacio propio, contribuyó a ensanchar los límites de lo posible. Hoy, la radio sigue siendo un lugar de lucha y de esperanza. Un medio donde aún persisten desigualdades, pero también donde se construyen relatos más justos, plurales y representativos. Escuchar a las mujeres en la radio no es solo una cuestión de igualdad profesional: es un acto de reconocimiento social, una forma de validar experiencias, conocimientos y miradas que durante demasiado tiempo fueron relegadas.
Porque cuando una voz femenina se afirma en la radio, no solo informa o entretiene: transforma el espacio público, desafía estereotipos y recuerda que la democracia se fortalece cuando todas las voces tienen la oportunidad de ser oídas. El futuro de la radio, y de los medios, será más rico, más honesto y más humano en la medida en que sepamos escuchar, sin prejuicios ni jerarquías, la diversidad de voces que la componen.
Ana Moruno Rodríguez
Historiadora del Arte











